Lecturas: Lorenzo Silva y los casos de Bevilacqua (Vila) y Chamorro

Paz Ruiz Utrilla / @placeresymas

Ayer se falló el Premio Planeta, el más prestigioso y mejor dotado del panorama literario español. La finalista por sorpresa fue la periodista Mara Torres con su novela La vida imaginaria y el ganador el ya consagrado escritor Lorenzo Silva con La marca del meridiano. Poco conozco de la trayectoria literaria de Torres (un libro recopilatorio de las anécdotas de Hablar por hablar, programa de madrugada de la Cadena Ser que dirigió y presentó de 2001 a 2006 y un libro de relatos), por lo que habré de esperar a leer su obra para opinar, aunque lo haré guiada por el respeto y la admiración hacia una profesional del periodismo que ha conseguido en La 2 Noticias ofrecer la realidad desde puntos de vista alternativos y prestando especial atención a la cultura. Yo he querido aprovechar mi espacio semanal para acercarme y acercaros un poco a la obra ganadora, la de Lorenzo Silva, que sí que conozco en parte, precisamente a través de la lectura de alguno de los libros de la saga que continúa La marca del Meridiano.

  • En 34 días en unas vacaciones a caballo entre los meses de agosto y septiembre de 1995, nacían de la mente de Lorenzo Silva los ya inmortales personajes de Bevilacqua (Sargento Vila, para evitar explicaciones) y Chamorro. Asegura el autor que fueron los 34 días más fructíferos de su vida y así es, a juzgar por los éxitos cosechados. Con la primera aventura de estos dos guardia civiles, el sargento y su nueva e inexperta ayudante, inicia una aventura inscrita dentro del género policiaco que ha llevado al autor a las más altas cotas tanto de popularidad como de reconocimiento en forma de premios (aunque no hay que olvidar que desde la década de los 90 no escasean las voces críticas que afirman que los premios de las editoriales priman más precisamente la ‘popularidad’, la visión de libro como bien de consumo, que como obra literaria. Si me preguntáis mi opinión os  diré que para mí el lector es soberano y se decanta sabiamente por lo que más le atrae y que cuanto más se acerque el público a la lectura más posibilidades hay de que siga haciéndolo y empapándose poco a poco de la diversidad de tendencias existentes). Sea como sea no se le pueden negar méritos a este autor que con El lejano país de los estaques,  su primera inmersión en el género policiaco consiguió el Premio Ojo Crítico 1998. En ella presenta al sargento de la Guardia Civil Vila obligado a desplazarse hasta una urbanización mallorquina donde se ha encontrado el cadáver de una joven belleza extranjera de enigmática vida. Para desentrañar el caso contará con la ayuda de la joven Chamorro.  Juntos irán poniendo al descubierto los ambientes por los que se movía, las gentes con las que trataba, las ambigüedades y los secretos que escondía, aunque tendrán que ir haciendo frente a no pocos contratiempos, incluidas las pistas falsas y la lucha contra los mandos locales, poco acostumbrados a este tipo de investigaciones. Desde esta primera obra Silva plantea ya algo más que una mera intriga policiaca. Introduce pinceladas psicologistas, cuestiones morales, incursiones en los sentimientos humanos, humor y un halo de misterio entorno al pasado del sargento que mantendrá en justa dosificación a lo largo de las siguientes obras.
  • Portada de El alquimista impaciente

    Todavía mayor reconocimiento conseguiría con la segunda novela de esta saga, El alquimista impaciente, Premio Nadal 2000 que proporcionó el empujón definitivo hacia el éxito (versión cinematográfica incluida) a esta atípica pareja de investigadores. En esta ocasión tienen que indagar en las miserias de un hombre que ha sido encontrado muerto en extrañísimas circunstancias en un motel de carretera a medio camino entre Madrid y la Central Nuclear de Trillo, en Guadalajara, donde trabajaba la víctima. Víctima, por cierto, con muchos puntos oscuros, por lo que precisamente los dos guardias deberán armarse de paciencia y bucear, con la paciencia del alquimista, en ese entramado de misterio. Sólo conociéndolo a él y a su entorno se puede llegar hasta su asesino.

  • He de confesar que no he leído las dos siguientes novelas de la colección, La niebla y la doncella y Nadie vale más que otro. No me gusta opinar de lo que no he leído, por eso me limitaré a esgrimir brevemente su argumento: en la primera la pareja se desplaza de nuevo a una isla, en este caso La Gomera, donde se ha reabierto el caso de un joven asesinado hace dos años por el que ya fue juzgado y absuelto un político local, padre de una joven con la que podría haber tenido relaciones el difunto. Pero la madre consigue reabrir el caso, lo que supone un nuevo reto intelectual y humano para Vila y Chamorro que tendrán que luchar contra el tiempo perdido, la falta de pruebas y los guardias que antaño cerraron el caso. Nadie vale más que otro propone la resolución de cuatro crímenes comunes, que no llaman la atención por su sofisticación ni por su aparatosidad, pero que pondrán de nuevo a prueba la capacidad para realizar pesquisas de los investigadores.
  • Y llegamos así hasta La reina sin espejo: en una vivienda utilizada como segunda residencia de un pequeño pueblo de Zaragoza se encuentra el cadáver de una ‘periodista estrella’ casada con un maduro escritor. Esto convierte el caso en ‘cien por cien mediático’ y pone palos en el camino de Vila y Chamorro, que habrán de desentrañar el pasado de la periodista, sus relaciones matrimoniales y extramatrimoniales y hasta su trabajo periodístico. Quizá allí esté la clave para encontrar a su asesino. El caso obliga a Vila a volver a Barcelona, donde le esperan no pocos fantasmas del pasado a los que algún día tendrá que enfrentarse. Por las palabras de Lorenzo Silva en la gala de entrega del Premio Planeta 2012 parece ser que algo de eso hay en La marca del meridiano, por lo que esperamos su publicación todavía con más atención.
  • Portada de La estrategia del agua

    Finalmente, su última novela publicada, La estrategia del agua, es una interesante historia que, para mi gusto, se alza como una de las mejores por su calado crítico: con la sociedad, con el sistema judicial, con las apariencias, con un sistema que en muchas ocasiones solo es capaz de distinguir entre blancos y negros, sin advertir que hay una gama enorme de grises, con el maltrato hombre-mujer (y la idea de que, en algunos casos, también cabe la posibilidad del ‘y viceversa’), con el acoso psicológico, con las relaciones familiares… La novela se inicia con el hallazgo de un hombre asesinado a balazos en el ascensor de su vivienda. No parece, en principio, que la víctima estuviese mezclada en turbios asuntos hasta el punto de recurrir a un asesino profesional para acabar con su vida, porque eso sí que parece estar claro: el asesino es un profesional. Además, Vila afronta el caso de mala gana tras el desencanto sufrido por la puesta en libertad de un criminal tras cuya pista había invertido muchísimo tiempo. Así las cosas en esta ocasión deberán adentrarse en la vida de este hombre divorciado y con un hijo al que adoraba y una ex mujer que lo denunció por malos tratos. ¿Era de verdad un maltratador?. ¿Será esta desavenencia la clave del caso?. En el transcurso del libro Silva dará respuesta a esta y otras muchas cuestiones, ahondando, como en otras ocasiones, en la complejidad de las relaciones humanas.

Este ha sido mi esbozo de las obras escritas por Lorenzo Silva que, en lo que se refiere a esta colección ha logrado un número creciente de fieles lectores ansiosos por conocer nuevos casos gracias a su habilidad para crear dos personajes, especialmente el de Vila, muy definidos pero que guardan todavía secretos por descubrir, su capacidad narradora, su agilidad para proporcionar y dosificar los datos, su dominio de las relaciones humanas de los personajes y su capacidad para intercalar en cada obra asuntos de actualidad que proporcionan al lector motivos para la reflexión.

Si queréis leer más entradas sobre ganadores o finalistas de premios Planeta aquí os dejo un enlace a mi reseña de Tiempo de arena, finalista del Planeta 2011.

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3 comentarios sobre “Lecturas: Lorenzo Silva y los casos de Bevilacqua (Vila) y Chamorro

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