Un paseo por el Claustro de la “Giganta” de Toledo

Carmen Bachiller/ @placeresymas

Panorámica del Claustro Bajo de la catedral

Hace unos días volví a entrar a la Catedral de Toledo para participar en una visita poco habitual. El Instituto de Patrimonio Cultural de España cerraba el ciclo de rutas guiadas -gratuitas- por el recién restaurado Claustro del edificio y decidí aprovechar la ocasión.

Estábamos citados en uno de los lugares más queridos por los toledanos, la Puerta Llana de la catedral, por la que cada año sale la Custodia a recorrer las calles del Casco Antiguo de la ciudad coincidiendo con el Corpus Christi.

Allí nos esperaba Estrella, nuestra guía, una restauradora que, desde el principio nos advirtió que no era la típica visita sino que esta iba a tener un carácter mucho más “técnico”.

Torre de la catedral desde la plaza del Ayuntamiento

Y así fue, entramos a la catedral, a la que Vicente Blasco Ibáñez llamó “La Giganta” y tras unas brevísimas nociones sobre su historia y su estilo artístico -es la segunda mayor de España tras la de Sevilla- entramos al claustro, cuyas obras de restauración terminaron en septiembre de 2011 y que nos han costado a los españoles -el dinero procede de las arcas públicas- más de siete millones y medio de euros.

 Pero “queda mucho por hacer aún”, nos explicaba Estrella antes de abordar aspectos de la reforma de un claustro tan grande que es el doble de los que solemos encontrar en los monasterios y cuyas enormes dimensiones han sido siempre origen de problemas a lo largo de la historia, hasta llegar a derrumbarse.

Fue idea del arzobispo Pedro Tenorio allá por el siglo XIV y está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1909. Se construyó a unos siete metros bajo el nivel de la calle y por eso, las humedades eran y son uno de sus principales problemas. Es llamativo hasta el punto que, aunque las obras se terminaron hace escasos meses, esa humedad ya asoma de nuevo en los muros calizos.

“En toda esta zona se conservan conducciones de agua de la época romana que siempre han intentando taparse”, nos decía la guía, y junto a eso la contaminación, el tránsito diario de turistas han provocado que los diferentes elementos arquitectónicos fueran “escupiendo” la policromía, los dorados…hasta dejar un lugar húmedo y oscuro sobre el que se ha trabajado durante tres años con un resultado que, a mí personalmente me ha gustado, si lo comparamos con su estado anterior.

Se ha blanqueado la piedra y en la portadas góticas que dan acceso al recinto, se han restaurado las molduras y la madera y se ha consolidado la policromía dejándola  tal y como la recibimos en nuestra época con el paso de los siglos.

En el claustro nos enseñaron las pinturas al fresco de Francisco Bayeu y Mariano Salvador Maella, del siglo XVIII. No se conservan todas, muchas han desaparecido deterioradas por el paso del tiempo y en su lugar sólo quedan muros recién pintados. 

Una de las pinturas en el claustro bajo

Las pinturas que sí han sido restauradas han tenido que ser rescatadas no sólo de los estragos del tiempo y la humedad, sino de aquellos causados por los vándalos. En algunos de los cuadros, los restauradores tuvieron que limpiar los ‘graffitis’ de ciertos energúmenos, aunque las huellas aún se aprecian.

EL CLAUSTRO ALTO, REFUGIO DE ISABEL LA CATÓLICA

El claustro bajo puede verse si uno entra en una visita a la Catedral pero no ocurre lo mismo con el claustro alto que normalmente está cerrado al público. Por eso, es la parte de la que más disfruté.

Imagen del claustro alto

Su construcción es más tardía, se remonta al siglo XVI y se accede a él a través de la Escalera de Tenorio donde se aprecian claramente las insistentes humedades. En su restauración se ha aprovechado para instalar un ascensor que comunica con el archivo y la biblioteca capitular aunque el grupo de veinte personas que participamos en la visita usásemos la escalera para acceder a la parte alta y no entramos a estas dependencias.

La vista desde allí es impresionante. Por un lado porque es otra manera de ver la catedral primada y su esbelta torre desde distintas perspectiva y, por otra, por la belleza de la vegetación en la parte baja.

Pudimos entrar a la llamada Sala de Gigantones, donde hasta hace poco, el Ayuntamiento guardaba los gigantes y cabezudos que salen a las calles de la ciudad coincidiendo con el Corpus. En realidad, nos contó Estrella, era la habitación que usaba la reina Isabel La Católica en sus visitas a Toledo y desde la que seguía la Misa. Aún existe el balcón al que se asomaba y que, por seguridad nos dijeron, tuvimos que ver a través de un cristal.

Estuvimos en las entrañas de madera recién restauradas, en uno de los laterales del Claustro con vistas al interior del Templo a través de los triforios y hasta vimos la puerta -lástima que no estuviera contemplada en la visita- que da acceso a otro de los tesoros de la Catedral: La Campana Gorda, en la torre, a la que se puede acceder desde hace unos pocos meses. Eso quizá lo contemos en otra ocasión.

Los trabajos en el claustro han permitido algunos descubrimientos interesantes. Se han recuperado triforios que se creían destruidos y pudimos ver algún que otro vestigio mudéjar o medieval que acaba de salir a la luz.

También se ha iniciado un estudio arqueológico en la zona, sólo una muestra. Una excavación en tres niveles, accediendo a la época prerromana, romana y medieval. Quien sabe si habrá dinero para seguir documentando la historia toledana.

La visita fue muy rápida, algo menos de una hora y no está previsto que se repita. Crisis manda hasta en esto.

Lo que sí sabemos es que ya está en marcha una nueva restauración, en este caso, en la Concatedral de Cáceres con un coste previsto de casi 800.000 euros y un plazo de ejecución de 12 meses y que se centrará en los paramentos exteriores e interiores del templo. Si se puede, allí estaremos para visitarla y contarlo.

(*) Nota: La foto de apertura de este post es de mi buen amigo Vicente Hernández Velasco. Data de julio de 2008 cuando el claustro alto aún no había sido intervenido y fue portada del semanario ‘Noticias de Toledo’. Habrá ocasión de ver más fotos de este magnífico fotógrafo toledano en siguientes post.

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5 comentarios sobre “Un paseo por el Claustro de la “Giganta” de Toledo

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  2. Creo que conozco algo del lenguaje de las catedrales, pero ya me hacéis dudar. Donde dices “trifolio”,¿no deberías decir “triforio”?

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