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Carmen Bachiller/ @placeresymas

Pedro Almodóvar puso sus ojos -y a su equipo- en la Quinta de Mirabel para rodar su última película ‘La piel que habito’. Aún quedan allí restos del rodaje, perfectas reproducciones en cartón-piedra de dos arcos del que fuera Palacio Arzobispal de Toledo. Allí un Antonio Banderas convertido en médico instaló su laboratorio y por todo el edificio pulularon durante meses los personajes de una película que, finalmente, no resultó ser la gran triunfadora en los premios Goya.

El cineasta manchego ha hecho aún más famoso este cigarral propiedad de la Casa de Bailén por el que, de la mano de la Real Fundación de Toledo, pudimos pasear durante más de dos horas en un paisaje natural y arquitectónico sorprendente -un hito del conservacionismo toledano- que les mostramos en esta serie de fotografías cedidas tanto por la Real Fundación de Toledo como por nuestro buen amigo Aurelio Redondo

Accedimos a él por la carretera que circunvala Toledo en un agradable paseo dirigido por los arqueólogos Jesús Carrobles y Jorge Morín. Vimos el antiguo palomar de la finca, que data del siglo XVI y dimos un largo paseo entre una abundante vegetación. Al margen de la belleza de los almedros en flor, se conservan tejos centenarios y los olivos, en una tierra virgen alejada de cualquier tratamiento químico durante siglos, dan ahora fruto que está empezando a comercializarse bajo la etiqueta de ‘ecológico’.

Nos asomamos a los restos de las canalizaciones de agua realizadas en el siglo XVIII sabiendo que bajo sus piedras, en el subsuelo, se esconde la verdadera obra de ingeniería andalusí  del siglo XI que propiciaría el nacimiento de los cigarrales.

Disfrutamos en la capilla del cardenal Gaspar de Quiroga, inquisidor general del reino allá por el siglo XVI  y nos adentramos en los secretos de la zona de baños del palacio que el cardenal hizo decorar con pinturas al fresco al más puro estilo italiano de la época, sorprendiendo que algunas de las figuras de mujer aparezcan con el torso desnudo -un auténtico atrevimiento para la época y más tratándose de la casa y los aposentos particulares de un cardenal de la iglesia-.

Fue auténtico placer y un privilegio. En contadas ocasiones se puede visitar un cigarral privado o contemplar las obras de arte que quedaron en estas fincas de recreo con el paso de los siglos. Ahora lo que esperamos es que abran nuevas posibilidades para que podamos seguir descubriendo ese patrimonio tan desconocido como interesante.

 

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